Un saludo desde el corazón de las Mujeres y Hombres de los Pueblos Étnicos en Colombia a este territorio de Ginebra, a todos los hermanos de los Pueblos Originarios y a todos los asistentes a este espacio.
¿Cuántos derechos puede perder un pueblo antes de que el mundo lo note? Esa es la pregunta que traigo hoy, en nombre de los pueblos y las mujeres étnicas de Colombia.
Colombia reconoció en 1991 derechos que costaron décadas de lucha. Hoy se erosionan. Las comunidades étnicas están atrapadas entre actores armados. Líderes y lideresas son asesinados con impunidad. Las niñas y niños sufren el reclutamiento forzado de manera persistente. Las mujeres cargan el mayor peso: son las más desplazadas y, al mismo tiempo, las que sostienen la vida colectiva. El Acuerdo de Paz de 2016 incluyó un capítulo étnico histórico. Ocho años después, solo el 13% de sus compromisos está completamente cumplido, según el Instituto Kroc. La consulta previa, mandato de la Constitución de 1991, sigue sin ser efectiva. Y en menos de un mes asume un gobierno que ya anunció el desmonte de los mecanismos de paz.
Y aun así, los pueblos no esperan. Las comunidades étnicas somos guardas ambientales que protegemos los territorios en su integralidad, donde el Estado está ausente. Las economías propias sostienen la soberanía alimentaria de miles de familias. Y en los territorios más golpeados por el conflicto, somos las propias comunidades, lideradas en gran parte por mujeres, las que concertan la convivencia y tejen paz desde adentro, para que la siguiente generación no herede la guerra que nosotras heredamos.
Señoras y señores expertos: pedimos una recomendación urgente que proteja a las comunidades étnicas y a sus mujeres lideresas antes del 7 de agosto, cuando cambia el gobierno en Colombia. Nosotras venimos tejiendo, haciendo nuestra parte. Ahora el Estado colombiano y la comunidad internacional deben hacer la suya. Más cuando el acuerdo de paz del 2016 es un acuerdo de estado, no del gobierno, por ende debe cumplirlo a cabalidad. Gracias.

