
El encuentro «Germinación de la Semilla» reunió al Colectivo de Mujeres del Consejo Comunitario del Río Yurumanguí, en Buenaventura, para socializar los hallazgos del pilotaje de monitoreo y seguimiento a la Salvaguarda de Género, Mujer, Familia y Generación del Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz.
Buenaventura, Valle del Cauca. Durante tres días, mujeres del Consejo Comunitario del río Yurumanguí se reencontraron en la vereda de San Antonio en el Evento «Germinación de la Semilla», un espacio de socialización de los informes territoriales derivados de la implementación de la Herramienta Propia de Monitoreo y Seguimiento a la Salvaguarda de Género, Mujer, Familia y Generación (GMFG), contemplada en el Capítulo Étnico del Acuerdo Final de Paz de 2016.
El encuentro, impulsado por el proceso de mujeres de la Comisión Étnica para la Paz y la Defensa de los Derechos Territoriales «Volviendo Juntas a la Raíz», junto con el Centro Mundial para el Pluralismo, buscó revitalizar el llamado «entretejido» de las mujeres étnicas de este territorio colectivo.
La jornada retomó un proceso que inició con un pilotaje de la herramienta realizado en 2023, lo que hacía necesario reactivar la articulación con las mujeres y actualizar el trabajo de cara a la nueva metodología de fases lunares.


De acuerdo con el informe de experiencia elaborado por el equipo técnico del proceso, uno de los hallazgos centrales del pilotaje fue que la mayoría de las mujeres no conocían en detalle los contenidos del Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz, pese a su compromiso cotidiano con la construcción de paz en sus comunidades. El documento también señala un nivel importante de sensibilización sobre los derechos de las mujeres y la equidad de género, lo que permitió identificar barreras e inequidades culturales frente a las demandas específicas de las mujeres negras.
El informe advierte, además, sobre las amenazas que representa la persistencia del conflicto armado para las prácticas ancestrales del territorio. Según el documento, la presencia de grupos armados intimida a las mujeres a la hora de realizar centros espirituales o de armonización, por temor a que estas prácticas sean malinterpretadas.
Yurumanguí, territorio colectivo ancestral titulado bajo la Ley 70 de 1993, es uno de los enclaves de mayor biodiversidad del planeta, y como un espacio que las comunidades negras del Pacífico definen como de memoria, resistencia e identidad. Pero su ubicación estratégica —como corredor natural hacia el Pacífico y zona cercana al distrito portuario de Buenaventura— lo ha convertido también en un territorio codiciado por economías ilícitas, según el informe técnico del proceso: rutas de tráfico de armas y drogas, cultivos de coca y el cobro de extorsiones por parte de grupos armados que se disputan el control de la zona.
El documento recuerda que la comunidad ha pagado un alto costo por la guerra: en 2001, la masacre de la vereda El Firme, ocurrida poco después de la del Naya, provocó el desplazamiento de más de 6.000 personas. Con todo, Yurumanguí ha sostenido un proceso de resistencia que las propias comunidades destacan como ejemplar: en 2002 acordaron colectivamente mantener su territorio libre de cultivos ilícitos, y más adelante obtuvieron una sentencia judicial que prohíbe la minería a gran escala y restituye sus derechos territoriales, la octava de este tipo en el país y la segunda a favor de comunidades afrodescendientes.
Para Yobana Millán, Secretaria Técnica del Proceso de Mujeres de la Comisión Étnica, «este tipo de espacios permiten no solo validar los avances del monitoreo territorial, sino fortalecer las alianzas organizativas entre las mujeres étnicas y consolidar planes de trabajo articulados con enfoque diferencial de género para la implementación efectiva del Acuerdo de Paz en los territorios».
Este encuentro fue posible gracias al apoyo del Gobierno de Canadá, en el marco de la cooperación con el Centro Mundial de Pluralismo y la Comisión Étnica para la Paz y la Defensa de los Derechos Territoriales, el proceso «Volviendo Juntas a la Raíz».


