Mujeres de la Comisión Étnica de Paz impulsan el monitoreo del Acuerdo en Chocó 

mayo 28, 2026

19 de mayo de 2026. En el Chocó, las mujeres étnicas han decidido que la implementación no se puede quedar en una «paz de papel». Entre el 15 y el 17 de mayo de 2026, Quibdó se convirtió en el escenario de un encuentro presencial clave, un espacio donde lideresas afrodescendientes e indígenas sembraron las bases de un nodo territorial articulado para vigilar con lupa el cumplimiento de la Salvaguarda de Género, Mujer, Familia y Generación del Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz. 

Este espacio de articulación y formación, titulado “Semillas del Monitoreo”, fue convocado de manera conjunta por el Proceso de Mujeres de la Comisión Étnica de Paz y la Defensa de los Derechos Territoriales y el Centro Mundial de Pluralismo, contando con el respaldo y la colaboración estratégica del Gobierno de Canadá. La iniciativa busca fortalecer las capacidades técnicas y organizativas de las lideresas locales para que puedan incidir con datos propios en las políticas públicas. 

El diagnóstico compartido durante las jornadas por las organizaciones de base dejó en evidencia que las comunidades siguen atrapadas en dinámicas de violencia. Las asistentes de municipios como Istmina, Bagadó, Bajo Baudó, Nuquí y el Medio Atrato denunciaron que, tras la firma del Acuerdo en 2016, las violencias no desaparecieron: mutaron, se modernizaron y complejizaron. El confinamiento por enfrentamientos de grupos armados, el asedio de actores armados, el reclutamiento de menores y la contaminación por mercurio del río Atrato siguen fracturando el tejido social. 

Frente a este adverso panorama, las lideresas decidieron implementar una herramienta de monitoreo propia y situada al contexto territorial. La iniciativa busca consolidar un grupo de «querientes» o nodo dinamizador —integrado por representantes de los pueblos negros e indígenas— que dinamice e impulse la implementación. 

Uno de los debates más intensificados en las mesas autónomas giró en torno a cómo el conflicto armado sigue ensañándose con las mujeres. Las reflexiones del encuentro evidencian que el cuerpo de las mujeres étnicas continúa siendo utilizado por las estructuras criminales como un «botín de guerra» y un mecanismo de humillación comunitaria. 

Las participantes también expresaron una fuerte crítica frente a la centralización de los recursos y el marchitamiento de los procesos comunitarios tras la salida de agencias de cooperación internacional. Se denunció que muchos proyectos institucionales gastan la mayor parte de sus presupuestos en burocracia. “Un proyecto de doscientos millones de pesos y se van cincuenta y nueve millones de pesos en el protocolo (…) queda uno mal con la comunidad”, relató con frustración una de las asistentes. 

Las mujeres priorizaron a través de una votación autónoma tres indicadores propios para hacer el seguimiento real en sus territorios: 

  • Transformación territorial y cuidado: enfocado en el acceso y titulación de tierras propias para mujeres de organizaciones negras e indígenas. 
  • Sanación y pervivencia frente a las violencias: para garantizar atención psicosocial diferencial frente a traumas acumulados y dolencias físicas y emocionales ligadas al conflicto. 
  • Seguridad para la vida y el liderazgo: orientado a exigir entornos seguros frente a los riesgos que afrontan las defensoras de derechos humanos y las juventudes en la región. 

Con el nacimiento de este nodo, las mujeres del Chocó dejan claro que la paz no se espera desde afuera; se camina, se teje y se vigila desde el corazón de la comunidad. 

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