
Tras un año del pilotaje en Nariño, fueron socializados los hallazgos del monitoreo en territorio Awá: de cuatro indicadores medidos, ninguno supera la tercera parte de su cumplimiento.
Durante dos días, el 17 y 18 de septiembre, lideresas indígenas y afrodescendientes de Tumaco y Barbacoas se sentaron a revisar una pregunta que el país ha dejado en segundo plano: qué tanto del capítulo étnico del Acuerdo de Paz ha llegado realmente a sus territorios.
El encuentro, llamado «Germinación de la Semilla», hace parte del proceso de mujeres de la Comisión Étnica de Paz y para los Derechos Territoriales, «Volviendo Juntas a la Raíz», que ya activó siete nodos territoriales para hacer seguimiento propio a la Salvaguarda de Género, Mujer, Familia y Generación en distintas regiones del país. Los dos primeros pilotajes de la herramienta se realizaron en el Consejo Comunitario del Río Yurumanguí, en Buenaventura, con mujeres negras, y en el territorio indígena Awá, en Nariño.
La herramienta que están afinando estas mujeres no se parece a los informes de cumplimiento a los que está acostumbrada la institucionalidad. En lugar de una semaforización convencional, usa las fases lunares para leer si un compromiso avanza, se estanca o retrocede, y las cruza con los indicadores del Plan Marco de Implementación. El enfoque es lo que ellas llaman cuerpo-territorio: la idea de que la tierra no es un espacio externo, sino una extensión de la memoria y de la vida colectiva, y que sanar el territorio implica sanar también las heridas del despojo.
El pilotaje Awá se desarrolló en dos momentos: un primer encuentro en diciembre de 2024 en El Diviso, Barbacoas, con 18 participantes de la Unidad Indígena del Pueblo Awá (UNIPA), y un segundo en agosto de 2025 en Llorente, Tumaco, que reunió a 63 personas, 61 de ellas mujeres.
De los cuatro indicadores evaluados en el pilotaje, el de transformación territorial con enfoque de cuidado quedó en luna nueva, es decir, entre 0 % y 16 % de avance. No se identificó una implementación estatal que articule tierra, seguridad, vivienda digna, protección ambiental y fortalecimiento económico para las mujeres Awá. Los otros tres: seguridad para la vida y el liderazgo, sanación frente a violencias, y apropiación del Acuerdo y justicia étnico-racial quedaron en luna creciente, entre 17 % y 33 %.


Detrás de esas cifras hay un diagnóstico conocido y persistente: reclutamiento forzado de niños, niñas y jóvenes; minas antipersonales; confinamientos; contaminación de ríos por hidrocarburos, mercurio y minería ilegal; compra e invasión de tierras por terceros; y una presencia institucional que las comunidades describen como débil y fragmentada. La firma de 2016 abrió una expectativa de alivio, dice el informe, pero la salida de un actor armado no trajo la paz esperada, sino nuevas formas de control.
Las participantes exigen al Estado Colombiano garantías efectivas de protección para su liderazgo y el cumplimiento del Acuerdo de Paz con enfoque étnico y de género. «La paz debe sentirse en la posibilidad de caminar sin miedo, sembrar sin contaminación y decidir libremente sobre el territorio», afirma Albeniz Tique, cofundadora de la Comisión Étnica de Paz. Mientras esas condiciones no existan, advierten, la implementación seguirá siendo incompleta.
Este encuentro fue posible gracias a la alianza entre “Volviendo Juntas a la Raíz” con el Centro Mundial del Pluralismo y la colaboración del Gobierno de Canadá, en el marco del Proyecto “Fortalecer la paz en Colombia a través del Pluralismo”.
Este Proyecto busca empoderar a mujeres líderes para que, a través de herramientas técnicas y sociales, realicen un seguimiento riguroso y autónomo a la situación de derechos humanos, la implementación de los acuerdos de paz y las dinámicas territoriales en Colombia.


